jueves, 21 de julio de 2016

BOO BOO DAVIS 30/07/2016

Escribo esta crónica casi 10 día después del concierto, así de repente parece que no me acuerdo de nada, y supongo que a quien la lea le pasará lo mismo. En estos días de verano, de tanto curro y de tanto después del curro, una no tiene tiempo para nada, pasan los días y las noches y etc., que para qué os voy a contar. Parece que no se encuentre un momento para sentarse delante del ordenador. No obstante, hay que dejar testimonio. Todos estas anotaciones se quedan en el blog de la asociación, que pervivirá seguro en la red mucho más de lo que lo haremos nosotros, y no es justo que quede en el olvido la fecha en la que Boo Boo Davis & company pasaron por Valles porque nos ofrecieron un CONCIERTAZO ¡!
La cosa es que el pasado 30 de julio en Valles estábamos de enhorabuena porque re-inaugurábamos la sede después de unas obras de ampliación y mejora, con un resultado espectacular: un escenario más amplio y visible desde toda la terraza, que también se ha alargado y cubierto; instalación eléctrica totalmente nueva, mejoras en el equipo de sonido, suelazo nuevo, continuación del que ya se había empezado en enero… todo guapísimo, amplio y espacioso. La noche también acompañaba. Era una noche perfecta de verano, tranquila y luminosa, con una temperatura agradable en la que sobraban las chaquetas, de esas pocas noches de auténtico verano en Asturias. Quizá por eso, o quizá porque el blues tira mucho entre nuestros socios y simpatizantes, la sede se llenó. La ampliación de la terraza hizo, no obstante, que estuviéramos todos más acomodados, mucha gente fuera y otros dentro, donde siempre.
Sobre las 23:30 empezó el concierto, estando ya el numeroso público impaciente y con algún reclamo a los músicos. Yo esperaba un concierto tranquilo, más old style, con oscuras melodías sobre el dolor y el fracaso acompañadas por una guitarra vieja y genuina. Pero la fuerza de este trío nos elevó a todos en un torbellino huracanado del que salimos sudando y acelerados como motos. BooBoo es un hombre mayor, que parece más gastado por los golpes que por sus setenta años, y del que dicen es uno de los pocos músicos aún vivos que han conocido y compartido el Delta Blues en sus orígenes. Canta y toca la armónica con una autenticidad incuestionable. Eligió un repertorio con temas largos, bien cocinados. Parecía que tenía mucho que decir, la pena es que no entendíamos nada -BooBoo tiene una pronunciación sureña endiabladamente cerrada, no fuimos capaces de entenderle una frase ni en la cena- pero a través de los gestos, y esas recurrentes miradas al cielo interpretamos que sus letras tienen mucho de espiritualidad, agradecimiento o plegaria. En ocasiones parecía que se le quebraba algo la voz, otras casi susurraba al micro. Pero de repente salía con fuerza su espíritu y cantaba una frase a pleno pulmón, toda sentimiento, con una voz áspera y oscura, tan expresiva como su mirada. Y ya cuando cogía una de sus ocho armónicas, todo él era puro blues, aullido y vigor. Los dos músicos que le acompañaban sabían potenciar esos momentos con acierto. Un guitarrista versátil e interesante, de esos que parece que tocan la guitarra y el bajo a la vez, cumpliendo bien los dos papeles y un baterista grande como un oso que tiraba con fuerza del trío marcando un ritmo perfecto para lo que allí sonaba. El repertorio, muy clásico, mezcló temas lentos con boggies, algunos adornos rockeros en los que el guitarrista se esmeraba con ahínco y algún guiño a las baladas soul más azucaradas que Davis parecía que cantaba con cierta coña. No hubo bajones ni aburrimiento, todo el concierto fue un subir y subir dentro y fuera del escenario, donde el público aplaudió y bailó disfrutando y moviéndose más cómodamente en el nuevo espacio. Fueron casi dos horas de concierto y de puro blues las que nos ofreció esta banda que conoce muy bien el oficio, y que se entregó con honestidad y sin artificios a un público que encantado terminó después comprando discos a puñaos y dándoles abrazos hasta agotarles. Yo creo que no veían la hora de retirarse, pero no les dejaban. Ya sabéis…  lo de Valles…no ye normal. Nos vemos por allí ¡.
Conchi Gálvez

https://www.youtube.com/watch?v=PZiX1T3vO6o

lunes, 20 de junio de 2016

The SOUL JACKET sábado 16/Julio /2016

La banda viguesa ‘The Soul Jacket’, una de las propuestas más interesantes en el panorama nacional actual, ofreció en Valles un concierto brillante en contenido y ejecución. 15 años lleva el grupo  apostando por un estilo muy personal,  que ha ido madurando después de tres discos, mucha carretera y cientos de escenarios, en los que se mueven con complacencia y una serenidad muy seductora. Una banda de la que solo se escuchan cosas buenas, y que teníamos ganas de ver en directo. Llegaban los gallegos de Béjar, donde habían tocado la noche anterior en el  festival de blues, parte de una gira de verano en la que están presentado su último trabajo, el muy recomendable ‘Black Cotton Limited’, doble álbum homenaje a los sonidos sureños de los que son fieles devotos.
Sonaron los primeros acordes sobre las 23.30 de una noche muy agradable en temperatura y en aforo, la sala cómodamente ambientada y sin grandes agobios. Comenzó la banda con un tema instrumental de aires santaneros, demostrando ya tanto la personalidad individual como la buena aleación de sus miembros: Jann Zerega al bajo, Guillermo Gagliardi y Jorge Mizer a las guitarras, Xabier Vieitez a las teclas y Mauro Comesaña a la batería. Empezaba el segundo tema cuando un repentino apagón nos dejó out durante unos minutos, en los que el batera animó el cotarro dando ritmo sin parar con el aplauso del público, que estaba ya con la miel en los labios. Arreglado el problema, pudo subir ya al escenario Toño López, vocalista y frontman del grupo, un prodigio de voz y energía sobre las tablas, que transmite honestidad y pasión a partes iguales. La comparación con Joe Cocker es inevitable pues en el timbre y la modulación, en la rotura de la voz y en la entrega nos lo recordó muchas veces. 
El repertorio, una exquisitez. Muchos medios tiempos tranquilos pero repletos de refinamiento. La voz de Toño arrastraba con su profundidad en la melodía y la complicidad con el público, pero todo eran sutilezas en la banda, y se nos iban los ojos siguiendo de repente una línea de bajo, un juego de acordes en las guitarras, unos redobles inesperados en la batería o unas arreglos en los teclados. Temas muy trabajados, y muy compactos en su ejecución, que fusionan y hacen propio el rock más clásico con el soul, los toques funkys y esos finales progresivos y apabullantes en los que una pierde la noción de espacio y de tiempo y se va sumergiendo en una espiral cósmica.
Los temas sonaron redondos. Las guitarras se complementaban a la perfección, más limpia la Strato de Gagliardi frente a la áspera  e incisiva SG de Jorge Mizer. Los teclados acompañando siempre con unos detalles preciosistas, y todo ello unido a los coros de todos ellos, y las panderetas y maracas con los que el vocalista reforzaba la rica percusión de Comesaña. Temas más intensos también los hubo, como ‘People’ un demoledor tema con toques souleros y funkys, ‘Where is my money,’ una pregunta sin respuesta que habla de la corrupción y el latrocinio al que nos vemos expuestos, con juegos de guitarras, y un final arrebatador.  Se nos pasó el concierto volando, y se pidió un bis con ‘otres tres’ que los gallegos cumplieron a rajatabla.
Gran noche y gran concierto de una banda a la que seguiremos con interés. Nosotros  de momento ya nos fuimos a casa con el Black Cotton y lo estamos saboreando con deleite.

Conchi Gálvez


miércoles, 1 de junio de 2016

TRASH TORNADOS Y JOHNNY "Big Stone" & the BLUES WORKERS

Léelo n'asturianu
Hay noches para dormir yéndose una a la cama con las gallinas, hay noches para sentarse a la luz de la luna y pensar y hay noches para soltarse la melena y asistir con orgullo y devoción a la liturgia del blues. Esta última fue la que disfrutamos en Valles, en una noche que nos llenó de color, ritmo, humo y blue notes. Y todo ello multiplicado por dos, gracias a la presencia en la sala  de ‘Trash Tornados’ y ‘Johny Big Stone & The Blues Workers’ bandas que supieron sumar fuerzas para ofrecer a los allí presentes una verdadera ofrenda al blues y a los sonidos con raíz americana como el jazz el swing y el rock’n’roll. Todo un  remolino de sonidos, sentimientos y buena música.
Abrió la noche la banda de Mieres ‘Trash tornados’, seis años después de su primera actuación en la sede, de la que ya guardábamos buenos recuerdos. El cuarteto, liderado por el sin par Bobby Gonzalez en la guitarra y la voz, se completa con Pibli a la batería, Kiko Flores en el saxofón y Pablo Souto  al contrabajo. Nos presentaron su último disco Voodo girl, una explosión de swing, blues y rockabilly, que defendieron con una entrega total en el escenario. La simpatía y complicidad de Bobby con el público y con su propia gente mantuvo un pulso vibrante durante todo el concierto, lleno de temas muy bailables, frescos y bien armados. En la base rítmica destacó un Pibli absolutamente enorme, mago del ritmo y el compás, todopoderoso atizando unos timbales que parecían talmente provenir del mismo corazón del continente africano. Una presencia envolvente y electrizante la de esta batería que marcó los tiempos y a los que la banda se sumaba con precisión. La guitarra elegante de Bobby y una voz de eterno adolescente contrastaron con la contundencia del saxo de Flores, que no cejó de dar candela en cada tema, encendiendo bien a los allí presentes con una mezcla de energía y sensualidad a partes iguales. Un show lleno de alegría, fuerza y descaro en el escenario, que disfrutamos y bailamos con bises y paseíllo por la sala incluido.
A partir de unos mimbres ortodoxos,  el trío de Johny Big Stone, como segundo plato y postre, supo crear un sonido muy personal, que  nos sumergió en los aires más canallas y lacerantes del blues. Al frente, un magnético Johny, que nos  cautivó con una voz rasgada y oscura, plagada de matices, y una  guitarra experta, que fue hilvanado melodías y solos con gran brillantez. Nos sorprendió el gran Little Jordi contrabajista incansable, con un par de solos de armónica arrolladores, desatando el aplauso del público, que para entonces ya estaba metido hasta el cuello en el ajo. Gran presencia de este trío que lleva años de rodaje a sus espaldas y domina el concepto y la ejecución sin grandes aspavientos, con un sentimiento profundo y contagioso.

En defintiva, pa que contaros más, solo concluir diciendo que fue otra noche brillante y muy bocanegra que tardamos muucho en dar por finalizada. Ye la magia de Valles, solo el que la vive lo sabe. Hasta pronto ¡!
Conchi Gálvez

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